La revolucio industrial a catalunya

Cataluña, junto con el País Vasco son las dos únicas zonas de España que durante la segunda parte del siglo XVIII ya se incorporan a la Revolución Industrial desde el Reino Unido. Pero no será hasta el siglo XIX cuando se haga mucho más evidente. En Cataluña será la industria textil, con el algodón en primer lugar y la lana en segundo, la que cobrará más importancia.

Debido a la dificultad de obtener carbón en Cataluña, se desarrollará otra industria rural aprovechando la energía hidráulica que proporcionan los ríos Ter y Llobregat. Este nuevo modelo industrial impulsará la creación de colonias industriales, un fenómeno central y muy característico de la industrialización catalana. La colonia industrial constituye una unidad de producción, una ciudad industrial, que se dedica a la industria textil del algodón, generalmente situada cerca del río.

Dispone de viviendas donde viven los trabajadores, cuenta con determinados servicios que satisfacen las necesidades de la población pero también responden al interés por conseguir la estabilidad y el control de la mano de obra. El conjunto está presidido por la iglesia y la torre del maestro, donde vive el propietario de la colonia. Las relaciones de producción y la vida social se rigen por el predominio absoluto de la propiedad del dueño.

XATIC, la Red Catalana de Turismo Industrial es la asociación que, a través de museos, centros de visitantes, antiguas fábricas y minas, agrupa a más de 25 municipios que comparten un importante y variado patrimonio industrial para dar a conocer la revolución industrial en Cataluña. Vapor y nación A lo largo del siglo XVIII, tras la derrota de 1714, Cataluña inauguró un periodo de crecimiento económico en el que se sentaron las bases de la revolución industrial. La especialización agrícola, la aparición de las manufacturas de algodón y la apertura del comercio con América son algunas de las claves de este proceso.

La industrialización comenzó en 1830, basada en el sector textil. Los vapores y las colonias industriales conforman un nuevo modelo económico que transforma la geografía y la sociedad catalanas. El crecimiento de las ciudades corre paralelo a la extensión de dos nuevas clases sociales: la burguesía industrial y la clase obrera.

Las bases de la revolución industrial Tras el desastre de 1714 y después de la larga posguerra, la sociedad catalana vive un periodo de crecimiento demográfico y económico. En las comarcas costeras, especializadas en el cultivo de la viña y en el desarrollo de industrias tradicionales, se dirigen al mercado de la exportación. Reus, Vilanova o Mataró son centros activos de fabricación y comercio.

A lo largo del siglo XVIII, la apertura del comercio con América jugó un papel fundamental en el despegue económico del país. Muchos de los capitales obtenidos del intercambio comercial con las colonias americanas, se invierten posteriormente en las industrias locales. Cataluña sienta las bases de la industrialización, que tendrá uno de sus principales motores en el sector textil.

Arte, ciencia y pensamiento El impulso cultural y científico de la segunda mitad del siglo XVIII, relacionado con la Ilustración, se desarrolla a través de academias e instituciones privadas como la Junta de Comercio, la Academia de Buenas Letras de Barcelona, la Academia de Ciencias Naturales y Artes o la Academia de Medicina. Cataloniadoes no tiene grandes recursos naturales, ni llanuras fértiles ni minerales como el carbón. Sin embargo, fue uno de los pocos lugares de Europa que protagonizó tanto la revolución comercial de la Edad Media como la revolución industrial de principios del siglo XIX gracias al dinamismo productivo de su sociedad.

La industrialización se llevó a cabo en una España inestable, donde la modernización era difícil. Las colonias americanas se estaban perdiendo y el mercado interior estaba dominado por una economía poco fiable basada en una agricultura técnicamente atrasada, que a su vez estaba sometida a largos periodos de sequía. La falta de materias primas constituía una dificultad adicional, especialmente con el carbón, que había que importar de Gales.

Por estos factores, las reivindicaciones políticas de los industriales catalanes se centraron en la adopción de medidas proteccionistas para poder competir dentro del país con los productos extranjeros. Los Jocs Florals eran concursos de caballería medievales que se celebraban durante el reinado de Martí el Humano, el último de los Condes-Reyes catalanes. Está documentado que los eventos incluían lecturas de poesía y canciones de trovadores, por lo que la idea encarnaba tanto la llamada al pasado glorioso de Cataluña como a una época preindustrial más sencilla.

De la misma manera que la Reconquista simbolizaba el mito de la nación castellana del siglo XIX de una raza guerrera, la burguesía catalana definía su pasado mítico en términos de caballería medieval y amor cortés. Celebrados hasta hoy en la Diada de Sant Jordi, el 23 de abril, la primera aparición moderna de los Jocs Florals fue en 1859. Esto marcó el punto a partir del cual la clase media y media-alta catalana